El deseo de ganar es importante, pero la voluntad de prepararse es vital

 Joe Paterno

A pesar de que este blog se titula “El Inmigrante”, les escribo estas líneas con algunas reflexiones en cuanto a la necesidad de emigrar para poder convertirse en inmigrante.

Lo que me motiva es que justamente me encuentro en esa incertidumbre.

Emigrar ? Por qué ? Cuándo ? A dónde ? Y cómo ?

Veamos las primeras: Por qué y cuándo emigrar?

Desde el punto de vista de cada quién, eso puede tener varias respuestas. Habrá algunos que simplemente dirán que ellos no van a emigrar porque el país donde se encuentran es el país en que nacieron y en algunos casos nacieron sus padres y abuelos, así como también sus hijos, por lo que ellos no se van. Se quedan a dar la pelea!. ….”a mí no me van a quitar esto”….”este es el país de mis abuelos, de mis viejos, el mío, el de mis hijos y será el de mis nietos y bisnietos”…. Esos son los patriotas.

Otros no tan patriotas llegarán a la conclusión de que no se van porque todo lo que tienen lo tienen aquí, tierras, casas, propiedades en general y que ya para la edad que tienen las probabilidades de volver a crear una “estabilidad” económica como esa son muy pocas. Quizás a estos últimos los podamos llamar los materialistas. Claro que habrá también los patriotas materialistas. Pero sea como sea, ambos están “por ahora” convencidos de que no se van.

 Luego están los que no son ni patriotas ni materialistas, que saben que deberían irse pero no saben cómo, por lo que hasta que no se les aclare el panorama no se van. Yo los llamo los temerosos, pues el temor los tiene paralizados y los mantiene en su rutina del día a día, pensando y muchas veces conversando con familiares y amigos todo el tiempo en un segundo plano que se tienen que ir pero su primer plano los ocupa de tal forma que nunca tomarán una decisión. Si los temerosos se van será porque alguien decidió por ellos, pero no será por iniciativa propia. Dentro de ellos están los que yo defino como “creyentes”, pues están convencidos de que ocurrirá un milagro y todo cambiará para mejor.

La manera cómo decidirán por los temerosos, puede presentar a su vez muchas formas. Una de ellas es la económica. Todos tenemos que comer y mantener a nuestras familias y en el momento en que dejemos de recibir el ingreso necesario para hacerlo y nuestra familia comience a exigir ó a sufrir las consecuencias de un desmejoramiento socioeconómico el temor cede paso a la necesidad de supervivencia. Esto se aplica también a los materialistas, que cuando comienzan a ver que sus bienes se los están quitando, llegan a la conclusión que es mejor vender a 10 lo que vale 100 que quedarse con nada. Y la otra forma de ayudar a tomar la decisión a los temerosos y que aplica para los materialistas, los patriotas, los patriotas materialistas y hasta para los creyentes es el miedo. El temeroso tiene miedo a lo desconocido pues no encuentra las respuestas a todas las interrogantes de un futuro inmigrante, pero si el miedo a lo conocido es más fuerte que el miedo a lo desconocido, la decisión se facilita. (Si estás en un cuarto y no sabes lo que hay del otro lado de la puerta, pero contigo hay un tigre que te ve como su almuerzo, vas a abrir la puerta y salir y luego es que mirarás lo que hay detrás de ella). Un buen ejemplo de ello son las víctimas de robos y secuestros. Si en el tráfico te roban el celular, o te quitan tu vehículo, la imagen del agujero negro que te mira desde la mano del ladrón es algo que queda muy grabado en tu mente. Y si vives la pesadilla de un secuestro, donde sientes la humillación e impotencia de estar sometido por unos malnacidos, o peor aún, que secuestren a uno de tus familiares y te toque la difícil tarea de rescatarlos por medio de una difícil negociación en que te harán oír todo lo que una persona decente no quiere oír, probablemente el miedo a lo conocido opacará totalmente el miedo a lo desconocido.

Y sin  embargo, hay los que ya conocieron el miedo a lo conocido y siguen sin tomar la decisión. Algunos lo que hacen es que analítica y racionalmente estudian lo ocurrido y en base a eso toman las acciones necesarias para tratar de protegerse de esta nueva realidad y minimizar las probabilidades de que vuelva a ocurrir. A esos yo los llamaría los jugadores. Qué diferencia puede haber entre uno que se sienta ante una mesa de blackjack en un casino y en base a las cartas que salen y las que tienen deciden arriesgar lo que apostaron o subir su apuesta? Ellos saben lo que pueden perder (conocido) y piensan que quizás puedan ganar (desconocido). Los jugadores de la vida sacan a sus hijos y a veces familias enteras para que estudien o vivan en otros países menos riesgosos y así bajan la apuesta. Dentro de los jugadores están, desde luego, los jugadores patriotas, que piensan que por un rato hay que resguardar a los pollos para luego traerlos hechos unos gallos cuando las cosas cambien, los jugadores materialistas que sacan igualmente a sus pollos no pensando en volverlos a traer sino en seguir ordeñando a la vaca para tener suficiente leche guardada para cuando llegue lo inevitable y como dijimos antes los jugadores temerosos  que sacando a sus pollos consideran que pueden protegerse más fácilmente, es decir, disminuyen su estado de ansiedad y bajan la apuesta.

A toda esta gama de variables, se le puede añadir o visualizar de forma independiente el problema familiar. Hay familias en que sus miembros no se pueden poner de acuerdo en cuál es el momento de emigrar, ya sea porque dentro de la familia haya puntos de vista contrarios o miembros con desigualdad de recursos para hacerle frente a una emigración/inmigración. También hay familias con parientes de mayor edad que no desean ni pueden abandonar como si fueran carros viejos. Las personas mayores muchas veces necesitan de atención especial y esto en un nuevo país implica una carga financiera, sin contar que muchas veces la mudanza puede afectar negativamente al familiar en cuestión.

En cuanto al A dónde y cómo? .Eso está más del lado de la inmigración que de la emigración, no obstante lo menciono porque es casi imposible emigrar, aunque se haya tomado la decisión, si no respondemos a esas preguntas. Ellas también presentan una gran cantidad de variables: Recursos, transporte, status legal, ingresos o actividad a desarrollar. La decisión apresurada (el abrir la puerta antes de que el tigre te coma sin mirar al otro lado) lleva a la gran cantidad de problemas de fronteras de muchos países, que mantienen cuerpos policiales especializados, muros de seguridad y equipos de alta tecnología para evitar que ingresen ilegalmente los que de acuerdo a la política de cada país sean considerados indeseados.

Lo que si es cierto y es la dura realidad es que dónde encontramos muros y/o fronteras fuertemente custodiadas es uno de dos tipos de países: Los lugares a dónde la gente quiere ir para un presente y futuro mejor pero dónde no los quieren recibir a menos que demuestren que no van a ser una carga social ni le van a restar oportunidades a sus nacionales, ó por el contrario, sitios de donde la gente quiere salir porque lo malo conocido es tan malo que ya supera el riesgo de lo bueno por conocer y sus gobiernos ó los ignoran ó no les permiten que se vayan.

El difícil equilibrio de los que todavía no nos hemos ido, pero estamos convencidos que nos tenemos que ir y que eventualmente lo podríamos hacer de forma legal, es tomar la decisión antes de que no nos lo permitan ó de que no seamos tan afortunados la próxima vez que veamos el agujero negro.

A todos los que tomaron la difícil decisión de emigrar para inmigrar, mis mayores respetos.

A todos los que no la hemos podido o sabido tomar, mi solidaridad.

Autor: Firma en depósito

Imágen: Google Images