unionAl encontrarnos en tierra desconocida, cierto sentimiento de orfandad se profundiza haciéndonos tal vez más irascibles y rebeldes ante el nuevo país que escogimos como destino. De ahí que, con relativa frecuencia, establezcamos interminables comparaciones en las que, por supuesto, nuestro propio país tiene todas las de ganar… Nuestros modos entonces, de pronto, se convierten en los mejores, apareciendo con ello las ganas de imponerlos, de, por ejemplo, acostumbrar a nuestros vecinos a nuestras costumbres, olvidando que al cambiar de territorio o de continente dos verbos debemos conjugar, aun en la aparente contradicción que ambos términos –puestos uno al lado del otro-  pueden prefigurar: aprender y desaprender.

Los suramericanos (sin dejar de tener en cuenta mientras escribo estas letras que las generalizaciones son poco felices y frecuentemente falaces) tendemos a ufanarnos de lo cálidos que somos, de nuestra cortesía, del trato afectuoso y atento dado al desconocido que, en tierra europea, no es demasiado habitual. Tendemos entonces a desear quizá con excesivo fervor que los ciudadanos nativos sean como nosotros, a lamentar la enriquecedora diferencia, para, inmediatamente después, perder de vista las bondades del país que nos recibe.

Asimilar que nuestras maneras no son del todo importables, tantear ese umbral muchas veces imaginario que nos separa en el léxico, en el acento, en el idioma, incluso en la comida y la religión, en suma, lo que nos hace culturalmente diferentes a los otros, pasa por la interiorización –a veces consciente, otras inconsciente-  del movimiento de estos dos términos: aprender y desaprender. Tramar en lo posible una apertura que no es incompatible con la contenta asunción de nuestros orígenes, abre paso a la tolerancia y facilita la adaptación, evitando asimismo la automarginación y, finalmente, posibilitando el boceto de una seguridad, acaso el indicio de un refugio hecho de la mixtura de huellas. El sentimiento de orfandad puede que persista, pero quizá, cuando volvamos de visita a nuestro país de origen, también ese desamparo continúe como una suerte de sombra abrazada a la sonrisa por el conocimiento de más de un modo de vivir; por las secretas correspondencias que entre diferentes culturas hemos descubierto.

 

Josegry Peña

 

Imagen: Google

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