Me encuentro ante una hoja en blanco, para poner en palabras,  algunas reflexiones,  sobre mi condición de inmigrante.

Soy la hija de dos sobrevivientes del Holocausto. Mis padres se vieron obligados a inmigrar al final de la Segunda Guerra Mundial después de vivir acontecimientos devastadores que los marcaron para toda la vida.

De los campos de concentración era imposible volver a Polonia, sus familias y propiedades ya no existían. Después de un largo proceso llegaron a Caracas, Venezuela donde se establecieron. En los últimos años de su vida mi madre finalmente compartió conmigo sus  sentimientos: tan intensos como el primer día, sobre la llegada a un país tropical, sin pertenencias,  sin el idioma, familia o amigos.

Que valientes fueron,;sus logros increíbles. A pesar de todas las dificultades lograron construir una familia, un negocio y se convirtieron en una familia prospera.

Pasaron los años, mi hermano y yo crecimos en Caracas, estudiamos, nos casamos y ahora también tenemos nuestras propias familias.

Y aquí viene el pero……….

Quizás los que lean esto saben lo que sucede en Latinoamerica…..En el año 2000 después de darnos cuenta del camino politico del pais, mi esposo y yo decidimos convertirnos en inmigrantes también. Mis padres habían fallecido, mis hijos se encontraban estudiando en el exterior, vimos venir con dolor la situación que se avecinaba en nuestro país.

Afortunadamente teníamos familia en los Estados Unidos, hablábamos ingles y económicamente podíamos darnos el lujo de inmigrar legalmente a un nuevo país. Al escribir esto no pretendo comparar las condiciones , los motivos de mis padres y los nuestros. Las diferencias son gigantescas: ser inmigrante porque no queda otra opción después de perderlo todo, a todos, ó serlo por elección.

Para mi lo hizo aun mas perentorio, mi amor por los Estados Unidos. Me encanta este país , su gente, sus leyes y valores de libertad y democracia. Aunque no viene al caso, pronto podré aplicar por la ciudadanía, que ha sido uno de mis sueños hace muchos años

Crecer en una familia de inmigrantes, me facilito el camino? Se que científicamente, no puedo hablar de genes en este caso, pero me pregunto: Existen “genes” emocionales?

Tres Generaciones: mis padres, nosotros, mis hijos, mi hermano. Quien sabe? Quizás también mis ancestros llegaron de otra parte a Polonia.

Nuestro caso no es único, hoy en día debe haber millones de personas que cambian de país por motivos políticos, económicos, etc.  Inmigrar conlleva tanto procesos que son iguales para todos como, por supuesto nuestras condiciones individuales.

 Aunque se que para cada miembro de mi familia el proceso ha sido diferente, para mi, ha sido una alegría, privilegio y oportunidad poder inmigrar . Es mas no me siento inmigrante, se que finalmente estoy donde pertenezco.

Me encantaría, encontrar a través de este blog, otras personas que se sienten como yo. Tengo que confesar el enorme amor,  agradecimiento, e inmenso orgullo de ser parte de una familia tan valerosa. Mis padres nunca se inmaginaron que sus hijos iban a ser inmigrantes también y de que forma nos iban a facilitar el camino.

A mi me gusta ser Inmigrante!

Rosa Szarf

Imagen: Google Images

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