Miedo: Perturbación mental causada por la percepción de riesgo instantáneo o futuro” (Ley canónica)

El miedo es uno de los sentimientos más fuertes que posee el ser humano. Es aquel sentimiento que nos puede empujar hacia un abismo, hacernos evitar pasar por el abismo o buscar maneras para cruzarlo sin perecer en el intento. Es un sentimiento que nos estimula ó nos paraliza, que nos puede llevar al éxito ó al fracaso en nuestras acciones.

Hay muchos ejemplos de miedo en la vida diaria. Dentro de los más conocidos están el miedo a los perros, a los ascensores, a los espacios cerrados. Algunos solucionan su miedo a los perros cruzando la calle para alejarse de ellos, otros pasan a su lado pero con mucho temor y otros se dicen: “ese perro no me va a vencer” y aprenden a manejar su temor y logran superarlo.

Existen miedos que muchos padecemos, pero no les prestamos atención porque no nos afectan en nuestro día a día.

Uno de los mejores ejemplos para explicar cómo funciona el miedo lo encontré hace mucho tiempo en un libro de Psicología: se tomaron 2 personas a quienes se les informó que se iba  a realizar un experimento. A la primera, no se le dijo más nada y la colocaron dentro de una caja oscura cerrada por 12 horas; esa persona pasó las 12 horas del experimento  despierta. A la segunda persona se le informó que iba a pasar 12 horas en esa caja cerrada y que luego la sacarían; esa persona durmió casi en su totalidad ese tiempo. ¿Cuál fue la diferencia entre ambas?  El miedo a lo desconocido!! Una sabía lo que le iba a  pasar y la otra no.

Algo similar ocurre cuando uno emigra: uno no sabe lo que le va a ocurrir en otro lado. En nuestro sitio de origen  la situación es conocida,  y aunque  sea incómoda y/o desagradable nos adaptamos porque conocemos el medio y creemos tener las herramientas para resolver los problemas o buscamos los mecanismos de defensa para justificar nuestras actuaciones.

La gran pregunta es qué hacer con ese miedo al cambio, a lo desconocido?

Lo primero es tratar de no negarlo: “Si tengo miedo, pero no sé que hacer ó no me atrevo a hacer algo” es muy diferente de “No estoy preocupado para nada, no hay problema”.

Una vez reconocido el miedo, se puede ser capaz de buscar soluciones. Estas pueden ir desde “me quedo” hasta “me voy sin pensar en lo que me voy a encontrar”.

 Uno de los puntos vitales es tratar de dejar de lado la impulsividad, pues en la mayoría de los casos nos lleva a decisiones que luego nos hacen arrepentirnos. Muchas veces en el afán de no ser impulsivos nos volvemos aplazadores de decisiones crónicos, que viene siendo el otro extremo de la situación.

En estos casos las personas pueden recurrir a  la tabla de positivos y negativos (explicada en otro artículo de este blog), que ayuda mucho a aclarar el panorama. Es importante recordar de ninguna solución  es perfecta, siempre existe un canje, se sacrifica algo a cambio de algo.

No hay que olvidar nunca que el sentimiento de temor es universal a todos. La mayoría de las personas que tomaron la decisión de emigrar también tenían un miedo muy grande a lo desconocido, pero fueron capaces de poner en orden sus pensamientos, superarlo  y actuar.

Recuerda:  “Tú no estás solo con tu miedo”

 

Imagen: Vincent Van gogh

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