Yo no esperaba ninguna sorpresa en el frente financiero. Había estado manejando mi dinero en dos grandes bancos nacionales, utilizando todo tipo de instrumentos financieros incluyendo cuentas corrientes, de ahorro, de inversión y tarjetas de crédito.

Entonces, dónde estaba mi historia de crédito? Yo no estaba en el sistema. Y no tenía historia porque las áreas de la Banca Privada eran las que manejaban todo ese dinero. Esta área está completamente separada de las ramas comerciales de los bancos. Yo había estado estableciendo una estupenda historia de crédito para mis bancos, no para mí.

En mi ignorancia e ingenuidad, pensé que sería fácil hacer que mi banquero privado llamara a cualquier gerente de alguna sucursal local y simplemente transferir cierta cantidad  y toda mi historia a esa sucursal. No funcionaba así. Primero yo debía abrir una cuenta en una sucursal local y sólo entonces ambos banqueros podían empezar a trabajar para mí.

Fui a la sucursal local para abrir una cuenta corriente. Mi hijo me acompañó; él también quería abrir una cuenta. Después de una hora de intensas discusiones  y negociaciones, yo salí del banco con las manos vacías y mi hijo tenía tanto una cuenta corriente como una de ahorros y le habían ofrecido una tarjeta de crédito.

Verá, mi hijo es un ciudadano Americano; nació en Stanford, California.  Era un poco embarazoso; yo tenía todo el dinero y la experiencia de crédito pero no tenía el visado adecuado y no pude abrir mi cuenta. Mi hijo tenía ciudadanía y recibió todas las líneas de crédito.

En aquel momento yo estaba en los Estados Unidos por razones médicas; mi esposa había sido operada de la columna vertebral y estábamos allí con una visa de turista. Yo no tenía un trabajo en el país ni una direción permanente (esto es, con cuentas de luz o teléfono a mi nombre), por tanto, no había posibilidad de cuenta bancaria para mí.

Insistí. Yo sabía que volvíamos el año entrante con una visa de trabajo y quería empujar el sistema para que me dejara entrar. Mi banquero privado tenía una amiga en una sucursal específica en Manhattan que trabajaba con “casos especiales”, o sea, individuos que no son “US-persons”, bien conocidos de la banca privada y que se encuentran en el país en una estadía prolongada.

Después de muchos tejemanejes bastante creativos ella me abrió una cuenta corriente en su sucursal y me dió primero una tarjeta de débito que yo podía usar por tres meses, luego de lo cual podía aplicar a una tarjeta de crédito con un límite de $500. Una vez que recibí ésta última, la usé por un par de meses y llamaba periódicamente al banco para duplicar mi límite de crédito. Continué haciéndolo hasta que mi crédito llegó al nivel apropiado.

Si hubiera sabido antes lo que sé hoy,

Nunca hubiera cerrado mis cuentas ni tarjetas de crédito de la época en que fui estudiante en los Estados Unidos.

Me hubiera asegurado de que la historia de crédito que establecí durante tantos años fuese mía y no estuviese escondida en la historia de mi Banca Privada.

Hubiera tenido más paciencia; tal vez hubiera esperado hasta tener el estatus legal (mi visa de trabajo) y mi trabajo, en vez de hacer tanto esfuerzo para lograr mi cuenta bancaria inicial.

Comparta con nosotros sus secretos para abrir cuentas bancarias y mejorar su historia de crédito.

Jacobo Rubinstein

Imagen: Google Images

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