Ante todas las inquietudes derivadas por la inseguridad, las informaciones en el entorno, la prensa y televisión, los comentarios y la presión de nuestras hijas, resolvimos emigrar a Costa Rica.

Nosotros, acostumbrados a la informalidad, una sociedad poli cultural y sin mayores angustias, presentan hoy un cambio radical en nuestra forma de vida. Haber salido en calidad de emigrante significó tener que vender el negocio, la vivienda y los haberes pecuniarios, realizar una transición o desplazamiento de una sociedad a otra significó por demás una decisión riesgosa basada en la información propagandista de un cambio radical en las leyes y ordenamientos jurídicos que habrá de regir nuestra forma de vida. El trauma conductual se refleja en nuestra forma de coexistencia, ante una inseguridad y ausencia de justicia, encontramos una severa indiferencia de hospitalidad, dificultad para realizar labores profesionales y restricciones de carácter económico con respecto a nuestro país de origen, un rechazo al inmigrante quizás por experiencias negativas ante oriundos de Países fronterizos , comenzamos a valorar todo lo anterior y afianzamos nuestra decisión cada vez con más ímpetu al oír las noticias por los medios.

Si la alternativa o el plan “B” como se le suele llamar es la de Costa Rica, deben tener muy en cuenta que la idiosincrasia del gentilicio es poco dado a las bromas o tomaderas de pelo, las instituciones sí funcionan con el rigor de la vía burocrática, el complejo colonial todavía permanece en la generalidad cultural al resistirse a aceptar vínculos con el extranjero influenciados por la desconfianza, el temor a perder su cuota de poder ante la adversidad inmigratoria.

No fue fácil adaptarse  a un nuevo ritmo de vida, como todo ser gregario , la necesidad de juntarse a un grupo significó mantener cuidadosamente las expresiones que usualmente se usaban sin el temor a herir involuntariamente; Las expectativas y metas ahora cambian rotundamente hacia un giro cuyo rumbo está lleno de incógnitas, las decisiones ya no obedecen a criterios profesionales y de experiencias personales sino de oportunidades completamente ausentes de experiencia lo cual nos obliga a cumplir roles nunca pensados.

Quién esté pensando que emigrar es simplemente tomar las maletas y subir a un avión puede desde ya  irse acomodando en el diván del siquiatra, pero quien sabe que haber tomado la decisión implica una serie de cambios a los cuales hay que adaptarse y aceptarlas, conducirá su familia hacia un buen destino.

Siempre quedará una delgada franja en la consciencia de que ante las adversidades en el País habría que quedarse y contribuir con el pequeño aporte personal a su lucha, aunque quienes por razones familiares, profesionales o sencillamente flaquezas energéticas no podrían sostenerse más en las condiciones actuales de su País y se trasladan a otro.

Quienes como yo escriben en este blog comprenden perfectamente las circunstancias que han motivado a numerosas personas tomar la decisión de emigrar. Demás está describir al País en las condiciones políticas actuales; Se debe respetar quienes piensan que es el camino correcto, en consecuencia debo admirar con toda franqueza aquellos que admitiendo el esfuerzo mental , económico y tomando los riesgos anteriormente descritos eligieron asumir con entereza la decisión.

Espero nunca tengamos que lanzarnos en balsas al mar Caribe ni escapar por trochas de la selva fronteriza, ese escenario no está planteado.

En Costa Rica “nada ocurre”, uno se levanta todos los días sin los sobresaltos y las angustias provenientes de las noticias en los medios, todo está en calma y la expresión folklórica es “pura vida”, siempre atribuyendo la condición a la suerte de vivir aquí al decir “por dicha”. En mi experiencia ante la cruzada emigratoria, valdría ofrecer algunas recomendaciones producto del tiempo y acciones en este País. En primer lugar recomendaría actualizar toda la información civil ante la Embajada de su país de orígen, así tendrán un Registro Consular para todos los fines y vínculos con las instituciones dentro y fuera del País. Hablaría con un abogado especializado en inmigración para así familiarizarme con las leyes y proceder a fijar residencia. Buscaría la forma de inscribirme en una Facultad afín a mi formación académica. Me acercaría a la asociación de expatriados de mi país de origen para registrar mis datos y recibir el periódico mensual. No compraría vivienda hasta no tener certeza en mi residencia aquí. No me asociaría inicialmente en proyectos comerciales hasta no tener un estudio muy serio y certero del mercado, no olvidemos que al llegar a un País extranjero nos miran como pequeños, medianos o grandes tesoros, cual botín será del primero que los convenza. No demostraría un alto nivel de vida, elegiría pasar por el entorno con un bajo perfil. El involucramiento en eventos sociales y benéficos ayuda a relacionarse, siempre con cautela y moderación.

Personalmente y hablando por otros amigos el período de adaptación y de emprender una actividad comercial o profesional oscila entre un año y medio a dos años, razón por el cual se recomienda tomar las previsiones necesarias para mantener a la familia durante ese período sin obtener ingresos. El mercado de consumo es muy pequeño por lo que las empresas amplían sus ventas a nivel regional centroamericano, los beneficios sociales son respetados y severamente sancionados quienes las eluden, el irrespeto a las leyes se castiga con cárcel y en general mantendría una cordial relación con los empleados.

Auguro una feliz transición a aquellos que se encuentran viviendo en el exterior, mis mayores deseos de éxito en sus proyectos de vida así como un promisor futuro para sus hijos.

Max Sihman

Imágen: Google Images

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