La migración condiciona cambios importantes en la vida de los migrantes y afecta de diversas maneras su bienestar y salud. En la familia y en la pareja se han descrito efectos negativos como la ruptura familiar, el divorcio y daños en los vínculos entre padres e hijos. Desde 1999, se han incrementaron las casos de divorcio; sin lugar a dudas, uno de los  fenómenos que ha contribuido a incrementar el número de separaciones es la migración (un 30% del incremento en los casos de divorcio se debe a las migraciones).

Donde quiera que estemos, todos somos partes de un mundo casi ya, sin fronteras. La migración es uno de los tópicos centrales de la globalización en el siglo XXI. En los Estados Unidos, en Europa y en Latinoamérica los hospitales, las clínicas y los consultorios privados se han transformado en lugares de encuentro intercultural entre profesionales y clientes. Las familias funcionan  en espacios transnacionales .Todos los inmigrantes, aquellos que dejan sus países voluntariamente o aquellos que se ven forzados a buscar asilo o refugio político, aquellos que vienen de lugares cercanos o de lugares lejanos, aquellos inmigrantes que son hombres, mujeres, jóvenes o viejos, ricos o pobres, sufren en alguna medida u otra, alguna forma de perdida, pena o duelo. La perdida de la migración tiene características especiales que la distinguen de otro tipo de perdida.  A diferencia del inalterable hecho de la muerte, con la que yo creo, ha sido incorrectamente comparada, las pérdidas del inmigrante son a la vez más amplias y más reducidas. Son más amplias que la muerte de una persona cercana porque la migración trae pérdidas de todo tipo: perdida de parientes y amigos que permanecen en el país de origen, perdida de la lengua natal, de las costumbres y rituales, de la tierra misma.

Sin embargo, la migración es también más pequeña que la perdida completa de la muerte. Comparada a la muerte, las pérdidas de las migraciones no son totalmente claras, completas o irrevocables. Todos se encuentran aun con vida, aunque ausente, siempre es posible fantasear un regreso eventual o una reunión futura. Existen también elementos compensatorios, tales como la esperanza de mejora económica, oportunidades educacionales o nuevas libertades políticas, económicas o sociales.

Estos elementos crean emociones contradictorias: tristeza y alegría; perdidas y restituciones; ausencia y presencia que hacen que las perdidas sean incompletas, ambiguas, pospuestas y como alguien las ha llamado “de duelo perpetuo”. Esta idea no es nueva, ya en el siglo XVI,  Maimonides  describió la enfermedad de la “nostalgia” que producía muchos síntomas somáticos y emocionales, entonces concluyo que la única cura era retornar al enfermo a su país natal. Estos mismos síntomas de palpitaciones, llantos, tics, temblores y lamentos aparecen en el inmigrante del siglo XXI, y en circunstancias dadas, también en aquellos miembros de la familia afectados por la partida.

El concepto de “perdida ambigua” propuesto por la investigadora Pauline Boss (1999) para describir situaciones en las cuales la pérdida es confusa, incompleta, o parcial, es útil para entender la pérdida del inmigrante. Boss describe dos tipos de perdida ambigua, una es la situación en la cual la gente esta físicamente ausente pero psicológicamente presente (ejemplos son familias con una persona fallecida en la guerra o los desaparecidos políticos, cuyos cuerpos nunca se encuentran. En la segunda situación de perdida ambigua, un miembro de la familia esta físicamente presente pero psicológicamente ausente. (Ejemplos son familias con un miembro que sufre la enfermedad de Alzheimer, o cuando en una familia, el padre o la madre esta emocionalmente aislado por excesivo estrés en el trabajo). La migración representa ambos tipos de pérdida ambigua simultáneamente. Por un lado, la gente y los lugares queridos están físicamente ausentes, y al mismo tiempo, están agudamente presentes en la mente del inmigrante.

Un factor importante a considerar es, que la migración no es siempre un proceso de decisión democrática,  con frecuencia hay una línea sutil que marca las diferencias entre las migraciones de iniciativa voluntaria y aquellas que se dan por la persuasión de una persona sobre otra. Entre los persuadidos pero no convencidos se encuentran los niños, las mujeres que siguen a los maridos a duras penas (aunque algunas veces es al revés) y las personas mayores que acuden al llamado de los hijos, sea para ayudarlos o para ser ayudados. Estos individuos que se sienten robados de iniciativa generalmente tienen más dificultades de adaptación que aquellos que activamente deciden emigrar y se encuentran con mayor frecuencia en las clínicas con síntomas de depresión, ansiedad o somatizaciones.

En conclusión: la migración constituye una situación muy particular, que al solicitar de ambos miembros de la pareja un esfuerzo adicional de integración a un marco de referencia diferente, hace más compleja dicha relación, así como la construcción de la parentalidad y es posible que cuando esta se da en situaciones precarias y cuando no existe una solida herencia psíquica, pueden ocurrir rupturas y dificultades  en la transmisión de la herencia psicológica y cultural.

 Autor: Juana Frontera-Fogel

Imágen: Google Images

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