Escogimos un restaurant para realizar la entrevista, de manera de darle un aire informal. Llegamos al lugar sugerido por mi entrevistado y al entrar parecía que había llegado el alcalde de la ciudad: lo saludaron desde, por lo menos, cuatro mesas. El se sentía el héroe del lugar, estaba tan feliz que “no cabía en su piel”. Tuvimos que esperar a terminar de almorzar y salir del recinto para poder realizar la entrevista, por las constantes interrupciones de los amigos que le hablaban y le preguntaban sobre su nueva vida.

Cuando empezamos la entrevista su tono se volvió más serio.

Mi entrevistado emigró  a los Estados Unidos hace 15 meses. Es un individuo económica y personalmente realizado, popular e influyente en su grupo social y familiar en su país de origen. Esta es su segunda migración y fue exitoso en la anterior, tanto personal como económicamente. Observando su popularidad e influencia, lo primero que se me ocurre preguntar es:

¿Por qué salió? Me responde: “En el país en el que yo vivía hacía falta un cambio, la fortuna tenía que redistribuirse mejor. Cada vez llegaban nuevos líderes y no ocurría nada, no cambiaba nada, y, además de la falta de libertad y de seguridad, la clase media y obrera se empobrecía cada vez más. Además, mi esposa nació en un país con regimen totalitario y me decía ‘ya yo vi esa película’. Todo eso me hizo jugar con la idea de prepararme para emigrar. Así fue que, como planificador que soy, me puse un margen de  tiempo de dos años para realizar el paso, pero lo prolongué hasta tres y luego lo hice. Como todo, todavía me estoy adaptando. Toma tiempo”.

Le pregunto qué es lo que más le ha molestado de emigrar, me responde rápido y enfático: “Que no aceptan mi experiencia, que tengo que hacer nuevas relaciones comerciales y sociales. No poder agarrar el teléfono y resolver el problema. Hacer un nuevo tipo de vida, diferente al que estaba acostumbrado no es malo, pero es diferente. Además no tengo la energía de antes”.

Cuando le pregunto qué es lo que le gusta de haber emigrado, me sorprende su respuesta: “En el lugar de donde vengo tenía mi rutina, por lo que me mantenía ocupado y satisfecho, pero no me permitía revisar mi vida, pensar sobre qué hacer con ella, adónde ír. Emigrar me ha permitido tomar un paréntesis y reevaluar qué camino quiero tomar y eso es algo realmente inesperado”. Luego de un profundo respiro continúa: “Me ha dado tranquilidad mental y mayor tiempo con mi familia, sobre todo con mis nietos. Ahora tengo oportunidad de ocuparme de ellos. Ellos están siempre dispuestos de pasar la noche con nosotros, los abuelos, hacer sus tareas en nuestra casa. Sí, se pelean por venir a la casa.”

Luego entramos en el tema de la relación de pareja y la inmigración. ¿Qué ha pasado? ¿De alguna manera se ha modificado la relación de pareja?, pregunto. Me responde: “Durante el tiempo previo a la mudanza, las discusiones entre mi esposa y yo fueron aumentando de intensidad; la frase ‘por culpa tuya’ era cada vez más frecuente  en la boca de ambos. Pero una vez que se llevó a cabo la mudanza, la relación volvió a su cauce, más bien diría que ha mejorado mucho”.

Le pregunto ¿Qué cambiaría, si pudiera, en su decisión?  “Prolongaría más tiempo mi decisión.” Al oír esto, insisto: ¿Volvería  si mejorara la situación que le motivó partir? Su respuesta es categórica: “No, y no es que esté enteramente satisfecho, pero las cosas están mejorando y creo que en el futuro podré lograr una vida más plena aquí donde me encuentro”.

Continúo inquiriendo: ¿Cuál fue su mayor imprevisto? a lo cual responde: “Yo soy muy planificador y no tuve mayores imprevistos, PERO LA INMIGRACIÓN ES DIFÍCIL, porque hay huecos que no se llenan. No tengo problemas económicos, tengo mis días completos, pero al final del día me falta esa sensación de productividad que tenía antes”.

Varias respuestas de mi entrevistado me resultaron sorpresivas y, reflexionando sobre ellas, le pregunto si ha variado la manera como evalúa su nivel de satisfacción. Piensa un rato y me dice “Agradezco tus preguntas, porque al responderlas me he dado cuenta de que había estado evaluando mi emigración con mis parámetros anteriores y ahora la estoy evaluando más positivamente y veo que mis objetivos antes de emigrar se están cumpliendo.”

Esto último me parece muy interesante: ¿Por qué la evaluación de nuestro bienestar y éxito sobre todo en inmigración la realizamos en base a nuestros viejos parámetros?  ¿Alguien tiene la respuesta?

Anuncios