El cambio de ramo o de profesión, es una situación que se ve con cierta frecuencia en el inmigrante. De hecho, es muy frecuente oir:  “no me puedo ir de mi país porque no tengo nada que hacer en otra parte, mi negocio está aquí”  ó  “lo que yo hago, solo lo puedo hacer aquí”. Esto, claro uno no lo oye de personas que no tienen la opción de decidir si se van o se quedan, ellos se tienen que ir y punto y después buscan en que trabajar. A éstos va dirigido este artículo.

El cambio de ramo de trabajo no es un fenómeno inusual en los países desarrollados, pero si es poco frecuente en nuestros países latinoamericanos;  el ramo en que uno comienza su vida laboral, profesional o comercial se mantiene hasta el final de su vida  en el mercado de trabajo. Esta diferencia  hace más difícil la emigración, representa una adaptación extra que hay que realizar.

Muchos inmigrantes buscan arreglos para ejercer su profesión de alguna manera, bien sea  revalidando sus títulos o certificándose en profesiones que le permiten trabajar en lo que saben, pero bajo otro “paragua”, por ejm psicólogos ó trabajadores sociales que ejercen como  orientadores (“coachs”) ó como asesores.

En el número del 5 de Diciembre del periódico Miami Herald, Cindy Krischer Goodman publicó un artículo sobre lo que hicieron algunas personas en la Florida -no inmigrantes- para adaptarse a la actual época económica difícil: ¡Cambio de Ramo! La autora recomienda en su artículo considerar la posibilidad de que lo que era un hobby en un momento pueda transformarse en un negocio.

Creo que ésto se aplica perfectamente al inmigrante: muchas veces no vemos fuera de nuestra área de confort  y resulta que tenemos toda una serie de habilidades y conocimientos que formaban parte de nuestro bagaje y que nunca pensamos en comercializar, pero que en nuestro nuevo país puede resultar en una nueva carrera o empresa.

Muchas veces lo más difícil es pensar en una escala más reducida cuando se está empezando de nuevo: El que fue un gran constructor  y ahora solo puede dedicarse a remodelaciones; el comerciante que ahora necesita empezar como empleado en una empresa; el capataz de cuadrilla que ahora empieza de simple jornalero. En este momento es muy importante el concepto de adaptación que tanto se ha comentado en artículos anteriores. Todos en su nivel fueron exitosos en otro momento, pero ahora están comenzando de cero o muy cercano a él, y por tanto tienen que pensar de una manera menos ambiciosa.

La decisión de tomar un rumbo diferente o una modificación de lo que hacíamos antes tiene que ser hecha con paciencia e información, además de tener claro que a lo mejor se va a necesitar de más de un cambio.

Yo he visto muchas ideas buenas que no logran realizarse porque los individuos no han hecho lo que se llama  el “due dilligence”: la revisión de las condiciones del momento en lo que queremos hacer, las cuales son diferentes para cada cosa. Por ejemplo, si soy cabillero, tengo que ver como está la construcción en el área a la que me quiero ir; muchas veces mudarse 50 millas hace la diferencia porque hay un mejor mercado de trabajo, ó debo cambiar de trabajo a colocador de ladrillos y/o dry wall, porque en esa zona no hay construcciones nuevas pero sí muchas remodelaciones. Si  lo que quiero es montar un negocio, ¿qué es mejor, comprar un negocio en marcha o empezar de cero? ¿Quién es la competencia, es mi producto bueno para esa área, existe un mercado apropiado? El momento, ¿es  el más adecuado? A veces empezar tres meses después hace la gran diferencia. La desesperación, muchas veces nos precipita y no nos ayuda al éxito.

Lo que si creo firmemente es que el que está decidido puede lograr la transición. Sin embargo, la terquedad es algo que puede ser un arma de doble filo, puede ayudar al éxito ó al fracaso. Lo importante aquí es no enamorarse de las ideas para ser lo más objetivo en las decisiones.

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