Lo que generalmente entendemos por el término “fantasma” es algo fuera de las dimensiones conocidas, algo en el parasistema y que no refleja la naturaleza real a la que estamos acostumbrados.

Nuestra percepción al emigrar a otro País, es que nos ven como fantasmas, mejor dicho no nos ven, por más que queramos hacernos notar.

Comencemos por establecer los pasos que se siguen al pensar en emigrar a otro País. Vamos a los índices que se publican en las ediciones anuales del PNUD (Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo), y por alguna recomendación de amigos, nos informamos en los consulados del País elegido. Aquí comienza el mayor engaño del siglo: los datos fríos que reflejan esos textos son meramente estadísticos y retratan el instante de su publicación. Es menester entender que las cifras no incluyen el aspecto subjetivo de idiosincracia ni el motivacional.

Al llegar a ese País, pretendemos actuar o simular nuestras costumbres en la manera de vivir, este es el segundo engaño; de allí en adelante cometemos los errores más elementales fingiendo en el idioma, en nuestros haberes, en lo que dejamos, en nuestra vida social y todo ello, con el pretexto de recibir alguna señal de consideración o compromiso, nada más falso y engañoso.

Caminando por las calles se topa uno con alguien que se trasiega como un gas a través de tus moléculas sin sentirlo, en tal sentido de las cosas me convenzo cada vez más de que los fantasmas son ellos.

Por las historias y comentarios de “cazafantasmas¨, se sabe que para entablar contacto con ellos es necesario que intermedie un ¨medium¨, y es así precisamente como uno interactúa en un País como inmigrante: únicamente a través de otros. No conozco a quienes como inmigrantes han tenido cenas o almuerzos con los locales,  nadie en consecuencia ha visto comer a los fantasmas; socializar en un País extranjero es más difícil que “matar un burro a pellizcos” y ¿de qué podemos conversar con fantasmas?

Estimado amigo inmigrante, tu destino es un País fantasma, no esperes encontrar una sociedad sensible. La adaptación a la metafísica es muy dura, el acostumbrarse a actuar en el vacío significa transportarse a ese mundo deshumanizado cuyas reglas de juego están perfectamente ubicadas dentro del paradigma incoloro e indoloro.

Quienes ya hemos estado un tiempo afuera con tenemos un grado suficiente de adaptación nos estamos desmolecularizando lentamente para convertirnos en una imagen etérea, podemos fríamente involucrarnos dentro del espacio y hasta salir de noche y jugar bromas, como en Haloween.

Ahhh, eso sí, al hacer negocios con ellos se materializan en Hermanitas de la Caridad, ya he escuchado de unos cuantos que fueron timados.

Los fantasmas no entienden de bromas ni de chanzas, se colocan sobrenombres y su pasatiempo favorito es simular lo que le sucedió a un semejante hace un siglo. No tienen hogar o por lo menos nunca me han invitado a conocerlo; me he preguntado dónde habitan,­ pues pareciera que a una determinada hora del día desaparecen como por arte de magia.

No son corteses en las vías, son extremadamente egoístas y acusetas, nada más decepcionante que pedirle paso para adelantar en la carretera, jamás lo lograrás.

Si la decisión de emigrar está tomada, además de arreglar todos los documentos que precisan, les sugiero leerse todo lo relacionado con fantasmas, costumbres, pasatiempos, vestimenta y apariciones, consíganse un buen médium y mucha calma. Yo ya estoy familiarizado, me he comprado una sábana blanca y poco a poco he dejado de hablar. Con los años he aprendido que salir del País de uno es ir a una dimensión desconocida, o te acostumbras y lo aceptas sin rechistar o te suicidas que es la vía más expedita para convertirte en fantasma.

Afortunadamente existe este blog donde uno puede expresarse a través de la escritura, y mi próximo artículo será UN INMIGRANTE FANTASMA.

Autor: Max Sihman