Antes de tomar la decisión de irme de mi País de origen,

decidí reunirme con CASPER. Esa reunión se llevó a efecto en un caserón abandonado en una colina alejada de la ciudad. CASPER, como mucho de ustedes saben, es el fantasma bueno de las comiquitas. Mi intención era la de informarme sobre las características de los fantasmas que habitan en otros lugares. La conversación giró en torno a los aspectos muy particulares de los fantasmas que yo conozco, mas no a los que espero encontrar en otro País. Casper, al igual que sus congéneres, pertenece a un partido político, se toma su cafecito y arepa en las mañanas y sale a deambular por las calles en busca de un “tigrito” y así llevar los cobres a su familia. En cada poste conversa con algún colega y su pasatiempo favorito es hablar mal del gobierno. Los correos que intercambia con fantasmas del exterior son fundamentalmente los llamados “spam”, y por ello no los tiene registrados en su disco duro.

Al yo comunicarle que mi intención era la de emigrar no salió de su asombro, pronunciando aquella palabra de cuatro letras, una de las cuales “ñ”. “¿Y por qué te vas?” A lo que le respondí- es que no aguanto más esta situación. “–Bueno, lo primero que vamos a hacer es convertirte en fantasma, así estarás en la mera condición de catalogarte en el país al cual vas. Ten en cuenta que nadie te va a ver, ni les importa tu presencia. No tengo porque explicarte las diferencias entre lo que dejas y lo que vas a encontrar; de una vez te advierto que tengas mucho cuidado con lo que dices, pues allá ni de broma se inmutarán ante tus frases-“. La sabiduría de sus consejos fue de tal importancia que al llegar al País de mi elección, me sentí inmediatamente un fantasma. La indiferencia en el trato es la concretización de una falta notoria de energía hacia los semejantes, en consecuencia una vez advertido y convertido en fantasma ese particular no me quitó el sueño. La lentitud en las acciones, tanto en el caminar como en los horarios, es asombrosa.  Como fantasma al fin, no me fue necesario tomar el transporte público, de esa manera pude aguantar las ganas de echar cuentos y hablar de política.

Alquilé una casa bastante cómoda, y mi única relación dentro del condominio es con un fantasma (porque también es extranjero) que hace labores de guardia en el portón. ¿Trabajo? No consigo, por más que he enviado sopotocientos curricula. Además de ser fantasma, se agrega otra condición peyorativa, que es nuestra “inferioridad cultural”, discriminación que se evidencia con el sarcasmo sutil al referirse a los extranjeros.

Sí, soy un INMIGRANTE FANTASMA, lo expreso a todo pulmón, pero fue mi propia decisión. Mi amigo CASPY ya me lo advirtió, sus explicaciones me fueron muy útiles a la hora de establecerme aquí. No tengo mucho más que contar porque el camino a recorrer es muy extenso, por ello he querido compartir mis primeras experiencias con los que deciden emigrar y para mayor información particular les dejo mi correo.

Si por equivocación llegan al País donde me encuentro, de la única manera que lograrán ubicarme será en la sede de los fantasmas, que nadie conoce ni les interesa su dirección.

Max Sihman