En nuestros países latinos, las familias tendíamos a vivir muy cercanas unas de otras. Los hijos se casaban y se mudaban del hogar, pero se quedaban en la misma ciudad y las distancias no eran demasiado largas, así que las visitas eran constantes. Cuando se emigra, los que tienen suerte siguen viviendo todos en la misma ciudad y se mantiene la familia junta, pero para un número importante de familias, los miembros de la misma  terminan en diferentes  ubicaciones.

Esta separación crea un problema adicional: Cómo mantener junta a la familia? Ya hemos hablado en otra ocasión sobre cómo hoy en día disponemos de muchos medios que nos permiten estar comunicados. En esta oportunidad me quiero referir a lo que ocurre cuando las familias que no se ven por períodos de tiempo relativamente largos se juntan. Se buscan fechas especiales como cumpleaños, aniversarios, nacimientos, matrimonios, fiestas nacionales o religiosas, la Navidad, el Año Nuevo. Lo que ocurre muchas veces, es que en esos días las relaciones se vuelven muy intensas. Se disfruta lo que no se ha tenido, pareciera ser que se quiere recuperar de una vez todo el tiempo que no se ha estado juntos, y unos observan como las cosas han  ido evolucionado en los otros: los padres ven como han crecido y madurado (ó no) los hijos; los hijos ven como los padres han envejecido; los hermanos aprecian cuán cerca o cuán distanciados están unos de otros; los abuelos ven a sus nietos y como han evolucionado desde la última vez  que se encontraron, y muchas veces, a pesar de toda la  comunicación que hay, aparece una distancia inicial, producto de la no convivencia diaria.

Hay que entender  en estos momentos que es difícil recuperar el tiempo perdido, mantener esa cercanía que se ha ido perdiendo y tratar de corregir los errores cometidos. Para los padres puede ser difícil aceptar que los hijos han crecido y tienen su propia manera de pensar y de actuar y para los hijos ver que los padres están envejeciendo y volviéndose menos tolerantes o asustados pensando en lo que les depara el futuro; para los hermanos, puede ser difícil entender que sus compañeros de juegos y travesuras de otras épocas, tengan ahora una manera de pensar  y de actuar muy diferente a la propia.

Lo importante es siempre de tratar de mantener estas reuniones cordiales y agradables para todos, porque estas situaciones pueden crear fricciones, intercambios de palabras y hasta peleas que pueden transformarse en “desastres nucleares”.

Hay algunas recomendaciones que me permito hacer para tratar de evitar esos problemas:

  • Respetar la distancia de cada uno si se convive en mismo sitio, dándole a cada uno “su espacio”; irse a un hotel en vez de estar en la casa todos juntos en la casa, son cosas que pueden ayudar, pues nos permite  no ver y no inmiscuirnos profundamente en lo que no nos gusta.
  • Mantener las visitas cortas. Recuerden aquello de que “el pescado y las visitas huelen mal después del cuarto día.”
  • No estar aglomerado.
  • Reunirse en sitios independientes como resorts, hoteles, donde se ofrezcan muchas alternativas de actividades y así cada cual pueda retirarse cuando desee.
  • No forzar la barra, no obligar a hacer actividades que no se deseen.
  • Traer cada uno la mayor apertura y la mejor buena voluntad. Hay que recordar  que el motivo es reunirse, reavivar  el cariño y la relación y luego seguir  cada cuál con su vida.