Tuve la suerte de encontrarme con GASPARÍN, y su amigo íntimo  CASPER, quienes deambulan de noche por las calles desoladas de la urbanización donde vivo. Curiosamente GASPARÍN ya presentaba la mitad de su figura con miembros superiores e inferiores de carne y hueso. Al conversar con ellos, obviamente cada uno me expresaba sus puntos de vista totalmente opuestos, mientras CASPER despotricaba de su estado, GASPARÍN, emotivamente emocionado, me insinuaba que así no era la cosa, -No mi hermano querido, no te enfrasques en esa nota, mira que aquí sí hay gente que sabe apreciar lo que significa un inmigrante, las vicisitudes y problemas de adaptación por las tienen que pasar- Esa expresión me animó de manera considerable a proponerme cambiar de actitud hacia los locales. De allí en adelante, he adoptado otra forma de pensar y de actuar. Los denominados por mí como fantasmas realmente tienen fibra emotiva, hay que entenderlos, estando cómodos en sus labores o ejercicios profesionales, de repente aparecen unos seres de otro País a invadirle sus espacios. Es lógico comprender su inmediata reacción defensiva, además de algunos acontecimientos desafortunados que ocasionaron debacles financieros a muchas personas del País. La información electrónica y la avanzada tecnología les permite conocer las noticias provenientes del exterior en segundos y es aceptable su proceder de reserva ante un amarillismo periodístico especialmente si es del País desde el cual uno ha emigrado.

GASPARÍN se ha desenvuelto favorablemente en el ambiente social, al extremo de que lo han propuesto para presidente de la asociación de semi- fantasmas en el exterior. Asistí a una reunión de la asociación y me percaté de la cantidad de semi -fantasmas felices viviendo aquí, casi todos han consolidado una bonita relación de amistad, muchos me testimoniaron que han recibido asistencia y recomendaciones totalmente gratuitas así como invitaciones a participar en actividades culturales.

La  reunión con los semi- fantasmas me proporcionó una real visión de lo que uno pasa al emigrar; es el tiempo el que va a determinar la posibilidad de una feliz coexistencia. Démosle el beneficio de la paciencia y así veremos cómo cambian nuestros pareceres opiniones y percepciones de la gente. Espero que poco a poco, así como el capullo se va transformando en mariposa, de la misma forma los fantasmas irán tomando cuerpo humano de carne y hueso, pudiendo de esa manera ser vistos y apreciados tal cual son en la realidad. Esa metamorfosis, es precisamente la que se anhelamos, pero implica pasar un tiempo en la crisálida, ser constante en los objetivos, participar con la comunidad, tener la sencillez y  paciencia necesarias para consolidar una feliz estadía.

Qué agradecido y afortunado soy por haberme encontrado a GASPARÍN, un semi-fantasma en proceso de metamorfosis.

Max Sihman

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