John Milton dijo:

“Dénme la libertad para saber, pensar, creer y actuar libremente de acuerdo con la conciencia, sobre todas las demás libertades.”

Cuando hablamos con los amigos, tanto los que emigraron como los que se quedaron, nos planteamos que el inmigrante habla siempre de cosas tristes, lo que se perdió, lo que se dejó, cómo era todo antes, y menciona muy poco lo bueno de la emigración. Cada emigrante tiene su razón de mudarse, pero una de las cosas positivas que se busca al inmigrar es la libertad. Creo que de todas las razones por la cual se emigra, la que une a todos los inmigrantes es la libertad. La libertad que me parece más elusiva es la económica, pero a pesar de ser difícil de lograr, la gente lucha y trabaja con toda la energía que tiene, pues se siente feliz de poseer esa otra libertad, la libertad de reunirse, la de decidir, la de ser respetado, la de poder caminar por la calle sin tener que preocuparse por su seguridad personal. He observado que a la gente que emigra no le importa que su status social disminuya, no le preocupa lo que es sino lo que vive y cómo lo vive. ¿Está la búsqueda de la felicidad unida a la libertad? En este período del año de fiestas y celebraciones, donde la gente viaja y se encuentran los emigrados con muchos conocidos que no habían visto por un largo tiempo, me he sentado a observarme y a observarlos, tratando de entender qué pasa por la cabeza de cada uno de nosotros. De la observación uno generalmente pasa a la comparación y viene la pregunta: ¿Soy feliz? ¿Son ellos felices? Y en ese momento se plantea la interrogante: ¿Qué es felicidad? Un amigo mío me hace ver que es feliz porque está ganando mucho dinero, otro porque está cerca de su familia, y otro porque vive tranquilo. Esto me hace recordar una frase de Jean Paul Sartre: “Felicidad no es hacer lo que uno quiere sino querer lo que uno hace”. Por eso, tanto el inmigrante como el que no emigró están felices con su decisión. Lo importante a recordar es que todos debemos tener el mayor RESPETO por la decisión tomada por los otros. Cada uno toma sus decisiones según diferentes parámetros que llevan a diferentes acciones, y debemos ser capaces de respetar esas decisiones. La felicidad no puede darse al destruir las decisiones e ilusiones del otro, sino al disfrutar del camino que tomamos y, a propósito de esto, me viene a la mente, para terminar, una frase de Benjamin Franklin: “La felicidad humana generalmente no se logra con grandes golpes de suerte, que pueden ocurrir pocas veces, sino con pequeñas cosas que ocurren todos los días”.

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