Ante las circunstancias propias de vivir en un País donde nadie te ve, opté por incursionar dentro de espacios propios de la intelectualidad. Sorpresa! Allí tampoco te ven. Con aplomo y valiéndome de argucias propias de un maracucho en el exterior, hice de tripas corazón y con la astucia innata de un fantasma logré penetrar en el ámbito profesoral captando la confianza de una profesora. La habilidad que tengo de escribir los apuntes con facilidad, me valió el acercamiento de otro estudiante, y ahora como decimos allá en Maracaibo, ¡y pa qué más!

A mí llegada a la Universidad, fui muy bien atendido, siempre hubo cierta suspicacia debido a mi condición de fantasma; sin embargo, en la medida que pasaban los días y con la fijación en los estudios, ya casi nadie prestaba atención mi “transparencia” sino que estuvieron atentos a mis intervenciones. En mi terruño, siempre estuvimos los criollos muy prestos a recibir a los “musiúes” que venían de Italia, Portugal, Suecia, y otros, que siendo hijos de los extranjeros llegados a trabajar en el campo, industria petrolera o la banca y seguros, inmediatamente formaron parte de los grupos de estudios y se les brindaba todo el apoyo logístico dentro de la Universidad. Aquí es diferente, una vez que llegas al aula eres un fantasma, pareciera que deambulas como un zombie. Sin embargo, uno trata de intervenir en clase para despertar un cierto interés y poco a poco se va logrando el objetivo de sentirte parte del grupo. Al llegar a la secretaría para formalizar mi inscripción, me señalaron una lista de recaudos, diploma y notas certificadas, carta de buena conducta, residencia permanente en el País, certificación de vivienda y medios de vida. Hábilmente logré convencer a la Decano que completaría el expediente durante el curso de la carrera, ya que tendría que obtenerlas y certificarlas en mi país de origen. Curiosamente, las autoridades me pudieron reconocer aún siendo fantasma.  Recomiendo a aquellos inmigrantes que deseen ingresar a la Universidad, que acepten su condición de fantasmas y poco a poco se convertirán en medio-fantasmas y con suerte hasta podrán comprar café haciendo cola en el cafetín.

No hay que  ignorar el hecho de que hay aquí realmente una dosis de desconfianza hacia los inmigrantes. Sí, desconfianza; la profesora en su capacidad didáctica me explicó los motivos que han generado esa desconfianza. Todo comenzó en la época de la Conquista, los indígenas fueron obligados a retraerse a las colinas, montañas y campos del interior, los caseríos se establecieron a distancia unos de otros, la comunicación con el exterior era casi nula. Al pasar los años, la entrada de las grandes compañías bananeras de alguna manera dominó la soberanía económica y los nativos fueron reducidos a meros peones. Al haberse visto tantos años sometidos, no hubo una real resistencia  a esta situación sino una pasiva aceptación del devenir. Hoy, cualquier extranjero es visto como lo que otrora fue la explotación bananera. También ocurrieron en otros tiempos grandes estafas bancarias y fraudes comerciales, perpetrados por extranjeros ávidos de dinero fácil,  toda una época de fiascos.

No me cabe la menor duda de que existe un estado de desconfianza hacia el inmigrante! Así que hay que tratar de evitar antipatías y rechazo para no exacerbarla.

Ahora estudio Derecho, una aspiración desde que comencé en la Universidad allá por los años 1962-3 en mi país. A decir la verdad, tengo compañeros muy agradables y hasta colegas medio-fantasmas. De hecho inserto una imagen del curso “Historia de la Cultura” que finalizó hoy; si no ven otros cuerpos ni rostros es porque aún son fantasmas completos y les hace falta más tiempo PARA COMPLETAR LA ENTREGA DE LOS RECAUDOS y ser medio- fantasmas.

Max Sihman