MobilityEn las ultimas semanas he oído comentarios como:

“Mi hijo se quedó sin trabajo, se vuelve a su país”.

“Mi hijo se está mudando a Ecuador, porque esta cansado de viajar tanto por su trabajo”.

El New York Times publicó recientemente un artículo que dice que españoles profesionales se mudan a Rumania, por oportunidades de empleo bien remunerado.

Estos son ejemplos de frases con las que me encuentro constantemente desde que emigré. Yo me pregunto: No oía yo esto antes de emigrar o es que no le prestaba atención? Indagando entre mis amigos, resulta que ellos tienen la misma percepción. Movilidad es el nuevo término para la generación de nuestros hijos. En nuestra época,  lo que menos pensábamos era en movernos del sitio donde habíamos nacido, nos habíamos criado; si alguien estudiaba o se entrenaba fuera del país, lo usual es que se devolviera al terminar. Resulta que ahora los individuos no se regresan, pero si se vuelven móviles. Parece un “commodity”’( producto básico): la gente se mueve a donde haga falta o a donde haya trabajo. Antes esta situación se veía mucho en las personas de bajos recursos buscando oportunidades de sobrevivir, o en los consultores de grandes corporaciones que se mudaban para donde la compañía los enviaba, pero ahora se observa en todo el mundo, es un proceso que no se detiene.

Se trata de la búsqueda por mejorar de situación; obviamente  mejorar y movilizarse están asociados, y  hoy en día parece muy adecuado para los jóvenes, que buscan desarrollarse en este mundo competitivo y exigente.

Pero el proceso tiene un precio, y es la separación física de la familia. Yo me crié dentro de una familia extendida que incluía, además de mis padres y abuelos, a varios tíos y cantidad de primos. Mis hijos se criaron en este mismo ambiente. Pero ahora que emigramos, aunque estamos todos en el mismo país, vivimos en distintas ciudades: mi esposa y yo en el Sur, donde hay un clima y un ambiente similar a la Patria que dejamos y mis hijos viven en el Norte y Occidente, cada uno en una ciudad diferente, porque allí es donde encontraron las mejores oportunidades de trabajo. El resultado es que si queremos vernos, alguien tiene que viajar, y si queremos reunir a la familia en pleno, eso implica una planificación importante y con mucha anticipación para asegurarnos de que todos están libres para asistir, además del gasto de eso acarrea, por tanto, solo podemos hacerlo un par de veces al año. Algo similar le ocurre a la mayoría de las personas con las que he conversado. Y claro, a medida que envejecemos, es más difícil desplazarse, el cuerpo se resiste más, uno se siente más cansado y se recupera más lentamente del último viaje, y esto lleva a menos reuniones.

Pero no creo que exista otra solución sino la de aceptar  la nueva situación, como dicen los jóvenes ;”esto es lo que hay”, olvidarse de cómo era la vida antes y disfrutar de cada momento en que la familia está reunida.