Imagen Si no tienes la libertad interior, ¿qué otra libertad esperas poder tener?

                            Arturo Graf (1848-1913)

Varios amigos de diferentes grupos sociales me han consultado recientemente un problema común a todos ellos: Cómo ayudar a sus hijos ya adultos en este proceso de inmigración?

Los hijos pequeños forman parte del paquete familiar cuando se  emigra, pero los que ya son mayores de edad representan un problema diferente. Ellos son los que estaban en proceso de estabilización económica y familiar en su lugar de origen, estableciendo su propio dominio, su marca en la vida, formando su familia, forjando su propias reglas de trabajo, su independencia, cuando les tocó emigrar. Dentro de este grupo de individuos he visto varios  caminos, pero los dos que más resaltan son: 1) Aquellos que ponen su pie en el nuevo país y empiezan a ver como lo conquistan y se adaptan a las nuevas costumbres  pero incluyendo parte de las que trajeron. Estos jóvenes se están haciendo camino y el éxito en la adaptación no les será extraño. 2) Hay otro grupo de jóvenes que es evidente que no se han planteado el síndrome de Hernán Cortez (que hemos descrito en otras oportunidades),  que es “quemar los barcos” al llegar a la nueva tierra,  de tal manera de obligarse a adaptarse o “morir”.  Este grupo parece mantener una dependencia algo enfermiza, que les impide crecer y “destetarse”, tanto del país de origen como de sus padres. Cuando las cosas, desde el punto de vista económico, no salen como se esperaba, la dependencia que existía se hace mas difícil de mantener y el “destete” se vuelve muy traumático porque se añaden otras preocupaciones , el “downsize” no se puede hacer porque “no sé cómo hacer las cosas de otra manera”, empieza la preocupación por el tiempo perdido, la adaptación es inalcanzable y además,  mientras tanto el tiempo avanza y ya no se es tan joven y no es tan fácil entrar en el mercado de trabajo como hubiese sido  a los 25-28 años. Esto lleva a   soluciones de emergencia que lo que hacen es empeorar la situación de estos jóvenes, que probablemente ya no están solos sino tienen equipaje: esposa, hijos.

Qué trato de decirle  yo a mis amigos al respecto? Comienzo con la cantaleta de siempre: que es necesario cortar el cordón umbilical desde temprano;  que se emigró por una razón importante, hay que aceptarlo y pensar que siempre van a existir problemas , pero los hijos son inteligentes,  puede ser que cómodos y angustiados, pero inteligentes. Hay que pensar que son como el bebé que está aprendiendo a caminar; ese bebé se va a caer, y hay que aceptar la caída como parte de la educación, no ver la caída como  un retroceso. Habrá niños que se caen y les da miedo pararse, pero siempre terminaran caminando, unos más pronto que otros pero necesitamos como padres enseñarles a caminar  y a caminar solos.

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